SEMILLA A LA DERIVA
 
Semilla a la deriva
estepa sin dueño
añejando tiempo
enraizada al suelo
espera en calma:
predestinada.
 
Recuerdo, pared, sombra,
rostro, manos alucinadas,
bocas que se beben
la vida en un sorbo.
 
Dos miradas proyectan
los ardores del cenit,
colores  indelebles gravitan
en el hábitat de una piel.
 
Embriagada de luz difusa
abre las ventanas
y penetra en ella,
muy suavemente....
el elíxir más exquisito
del vino de a dos.
 
Xenia Mora